Cuando ante un forastero se menciona el gentilicio de los originarios de Palacios Rubios: “beleguino”, normalmente éste nos interperla ¿qué significa? ¿de dónde viene esta palabra? En este escrito, tratamos de dar una respuesta a estas preguntas

Efectivamente, el gentilicio dista tanto del nombre del pueblo que no es fácil deducirlo del contexto de la conversación. Lo lógico hubiera sido un término como “palaciorubino” o “palaciorubiense”.
Siempre me había preguntado de dónde vendría esta palabra y qué significaría sin encontrar nada. Pero un correo electrónico recibido recientemente me pone sobre la pista. En la página de La Gaceta dedicada al castellano, encontramos bajo el epígrafe “palabras salmantinas” el término beleguín con el significado de:

Fino, endeble. Persona de mal genio o mal comportamiento. Ej.: Menudo beleguín esta hecho ese muchacho.”

A continuación se apunta:

El uso de este adjetivo ha sido registrado en el Campo de Salamanca. No lo recoge el DRAE. Lo incluyen Lamano y Sánchez León en sus diccionarios. Carmen Marcos Casquero propone la acepción ´rebelde´. Entre los gentilicios de Palaciosrubios se encuentra beleguino.

Con este punto de partida, comienzo a tirar del hilo y recurro a buscar “beleguín” en la red.

Encontramos que en Monroy (en la provincia de Cáceres, a medio camino entre Cáceres y Plasencia) lo usan con el significado de niño travieso o rebelde.

En Hervás (al Norte de la provincia cacereña, en el límite con la provincia de Salamanca) significa irritado al máximo.

El libro de Pascual Riesco Chueca sobre Calzada de Valdunciel (La Armuña) registra la palabra beleguín indicando que se trata de una voz de significación imprecisa, con la que se calificaba a alguien de poca sustancia, muy activo, un chisgarabís.

Como gentilicio, beleguín se usa también para referirse a los habitantes de dos municipios relativamente cercanos: Cespedosa de Agadones (en la provincia de Salamanca, al Sur de Ciudad Rodrigo) y Cerezo (al Norte de Cáceres). Asimismo, encontramos que a los vecinos de Ladrillar (en las Hurdes, Norte de Cáceres) se les conoce como veleguines.

En el libro Los rudimentos de la lingüística gallega de Benigno Fernández Salgado, nos encontramos con el término beleguín, su significado en gallego y sus correspondientes en portugués y español. Beleguín está registrado como una forma arcaica. A veces se encuentra bajo la forma “beleguim” o  “belleguim”. Beleguín en gallego significa: belleguín, corchete o alguacil de diligencias. En portugués, el término “beleguim” apenas varía su significado: oficial de diligencias, quien hacía los arrestos junto con el alcalde.

En la misma línea, el Diccionario gallego–castellano de X.L. Franco, hace equivaler el gallego beleguín al español belleguín.

Acudimos entonces al diccionario de la RAE, que define belleguín como:

1. m. ant. corchete (‖ ministro inferior de justicia).

A su vez, corchete en su sexta acepción, ya en desuso, significa:

6. m. desus. Ministro inferior de justicia encargado de prender a los delincuentes.

Por último, en una obra teatral contemporánea venezolana, pero ambientada en 1561 usan la palabra “beleguín, parece que en el sentido de ministro de Justicia de rango inferior, aunque no me queda muy claro.

En conclusión, beleguín, y sus variantes, es una antigua palabra gallega, actualmente en desuso, que hacía referencia a un antiguo ministro de Justicia de rango inferior. El mismo término está aún presente en el lenguaje popular del Norte de Cáceres, Campo Charro (zonas limítrofes separadas por la Sierra) y Calzada de Valdunciel, en La Armuña. Sin embargo, sus acepciones nada tienen que ver con el término gallego:

– Fino, endeble, chisgarabís.
– Persona con mal genio y comportamiento.
– Niño travieso y rebelde.
– Persona muy irritada.

Comprobamos que la primera acepción pertenece a un ámbito semántico opuesto a las tres siguientes, que se pueden considerar similares.

Asimismo, beleguín, o veleguín, se usa como gentilicio en tres pueblos próximos entre sí, dos del Norte de Cáceres y uno del Sur de Salamanca.

Hasta aquí los resultados encontrados en internet, más abundantes de lo esperado, y que me han permitido fijar los siguientes hechos y teorías.

En primer lugar, parto de la evidente relación entre beleguín y beleguino. Es decir, beleguino proviene de beleguín.

El ámbito lingüístico en el que encontramos esta palabra es la del antiguo Reino de León, a saber: Galicia, Campo Charro y La Armuña en Salamanca, y Valle del Ambroz, Las Hurdes y Tierras de Granadilla en el Norte de la provincia de Cáceres.

En cuanto a la etimología, podría proceder de la palabra latina guerra: “bellum – belli” si quiere decir: persona de mal genio y comportamiento, travieso, rebelde, muy irritado. Es también razonable que esta etimología pueda aplicarse también a su acepción en gallego.

Sin embargo, si tomamos la acepción “fino, endeble” podría proceder de “bellus – belli”: bello, bonito, agradable, placentero.

Es probable que la palabra “beleguín” haya evolucionado tanto desde “bellum” como de “bellus” , lo cual explicaría las acepciones casi opuestas que presenta.

Pero ahondando en el tema ¿cómo llegó la palabra beleguín – beleguino a Palacios Rubios? Nuestro pueblo, ubicado en la frontera entre los reinos de León y de Castilla (de ahí los “de la Frontera” aplicados a Zorita y Aldeaseca), no ha pertenecido nunca al ambito lingüístico leonés, donde parece nacer la palabra beleguín. Beleguino es probablemente una castellanización de la palabra original leonesa – gallega: “beleguín”. Al respecto, propongo dos teorías:

a) Beleguín llegó a esta zona con los repobladores gallegos de la Extremadura leonesa (Salamanca y Cáceres) y castellana (Soria, Segovia y Ávila). Posteriormente evolucionó a beleguino. En Palacios Rubios, un apellido común es Bello, apellido de origen gallego. La Casa de los Bello en Palacios Rubios es una antigua casa solariega que data del siglo XVIII. Si consultamos el apellido Bello en el Instituto Nacional de Estadística, observamos que predomina en la provincia de La Coruña y en Santa Cruz de Tenerife (las Canarias son tierras de tradicional emigración gallega). No lejos, encontramos pueblos cuyo nombre nos indica el origen de sus pobladores, así tenemos Gallegos, Gallegos de San Vicente y Gallegos de Altamiros (todos en la provincia de Ávila) y Gallegos de Argañán (en la propia provincia de Salamanca, aunque mucho más alejado que los abulenses).
Es decir, en esta zona hubo repobladores gallegos que pudieron haber traído la palabra.

Sin embargo, si esto hubiera sido así, creo que no usaban la palabra en el sentido de ministro inferior de Justicia. Quizá mutó de este significado original a los actuales. Es muy probable que beleguino se tratara de un apodo o mote. No es un hecho infrecuente, sino bastante habitual que los habitantes de un pueblo, o incluso el propio pueblo, sea conocido por sus vecinos con un nombre despectivo. Ejemplos hay muchos, pero no hay que irse lejos, en las inmediaciones de Palacios Rubios, tenemos dos casos: Villaflores y Flores de Ávila, ambas localidades conocidas antaño como Vellacos y rebautizadas hace ya tiempo con nombres más sonoros.
Por ello, es factible que el nombre original de nuestro pueblo hubiera sido Beleguinos, más tarde transformado a Palacios Rubios. Esta teoría explicaría que existan dos pueblos de igual nombre tan próximos, uno en las inmediaciones de Arévalo (Ávila) y otro a apenas a 40 km, en la actual provincia de Salamanca. Palacios Rubios sería un nombre “oficial” , opuesto al popular Beleguinos, que permaneció en el tiempo como gentilicio.

En el caso de que hubiera sido un mote, impuesto por nuestros vecinos, habría aún que dilucidar, si se referían a los habitantes de Palacios como beleguinos por ser unos chisgarabís y unos endebles o por ser personas de mal genio, peor comportamiento y fácilmente irritables. Este tipo de apodos suele fundarse en alguna antiquísima historia o anécdota, de la cual no tenemos noticia alguna.

b) Beleguín llegó a Palacios Rubios de tierras cacereñas. Un importante número de habitantes del Noroeste de Cáceres se asentó en Palacios Rubios dedicándose a labores agrícolas y ganaderas, quizá pastores trashumantes. Estos habitantes procedían de aquella zona y se denominaban a sí mismos como beleguines. Hablaban aún el antiguo dialecto leonés presente en el Norte de Cáceres y Sur de Salamanca conocido como castúo o extremeño. Al echar raíces en Palacios, nuestros vecinos, a los que llamaba la atención estos forasteros, tomaron la parte por el todo y empezaron a denominar a todos los habitantes, ya no como beleguines, sino castellanizado como beleguinos. Esta teoría, que puede parecer descabellada, la fundamento en lo común de dos apellidos toponímicos (derivados del nombre del lugar donde vivía o procedía la familia asociados al apellido): Coria, muy frecuente en Palacios, y Cáceres, a día de hoy prácticamente extinto, pero muy común antaño.

Estas reflexiones no tienen pretensión de ser exhaustivas, ni de agotar el tema. Más bien, al contrario, pretenden arrojar un poco de luz y abrir el debate. Por ello, si alguien quiere responder a este escrito o contribuir a ello, puede dirigirse a alcaldia@palaciosrubios.es o administrador@palaciosrubios.es.

Julio Jiménez Estévez

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